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:: El Activo Encanto de lo Libriano [Astrología]
Autor:  Alejandro Lodi |  Fecha: 13.11.2002 | 
Cine Debate:

Hace un año inauguramos un "Ciclo de Cine-Debate" en Casa XI. Cada película revela una dimensión de lo humano y ofrece la oportunidad de descubrir la lógica astrológica aplicada a la vida. Se trata de una actividad coordinada junto con Beatriz Leveratto, con quien realizamos la elección de la película y el análisis de la temática astrológica que puede aportar al debate. Presentamos ahora la trascripción del primer encuentro del año 2002.

Lo libriano y sus planos análogos.

La película "El Gusto de los Otros" (Francia, 2001) nos motivó la propuesta de reflexionar y meditar grupalmente acerca de lo libriano. Por lo pronto, la película trata acerca de relaciones. No es la historia de una relación en particular, sino que hay múltiples ejemplos de diferentes vínculos.

Comencemos diciendo que si en algún momento nos encontráramos confundidos respecto a qué imagen podría resultar apropiada para reflejar la energía de Libra, creo que recordando la sonrisa de la señora Devaux en la escena final de la película, esa sonrisa con la que responde a la presencia -deseada presencia- del señor Castella en la platea, estaremos en contacto con una imagen que representa "todo el Libra del mundo". Creo que esa sonrisa es un imagen-síntesis purísima de la cualidad libriana.

Nos parecía, además, que la realización de la película, la estética con la que se cuenta la historia, responde a la energía de Libra. Por ejemplo, si bien queda explícito que los personajes tienen encuentros amorosos íntimos, casi no hay besos y mucho menos escenas de sexo, sino que todo es sugerido; del mismo modo, no hay escenas de agresión, no hay violencia, sólo se sugiere que al señor Castella lo han golpeado. Es una película en la que se evita lo explícito y prevalece el tono de la sugerencia. Esta es una cualidad libriana: lo sugerido antes que lo explícito.

Es importante considerar que cuando uno reflexiona acerca de lo libriano alude a distintos planos al mismo tiempo. Veamos algunos de estos distintos niveles y precisemos cuales son sus contextos:

.- Libra. Hacemos referencia a un signo del zodiaco natural, esto es al mandala de energías básicas y primordiales.

.- Venus. Aquí estamos en el plano de la estructura de funciones planetarias.

.- La oposición. La cualidad del aspecto de oposición se relaciona con el eje Aries-Libra en el zodíaco natural. Si recorremos el zodíaco comenzando por Aries, en Libra nos encontraremos con el primer signo que tiene a otro signo enfrente, opuesto. Libra es el primer momento en el que el zodíaco se enfrenta a sí mismo.

.- La Luna Llena. Es la oposición del Sol y la Luna, y se trata de un simbolismo muy activo cuando analizamos ciclos. En este sentido, en los llamados ciclos de edad -ciclos genéricos organizados a partir de septenios- hay un momento identificado como "la crisis de los 42 años" que responde a un "momento de Luna Llena": los tránsitos de Júpiter, Saturno y Urano, y la progresión de la Luna enfrenta a cada uno de ellos con su propia posición natal. Diríamos que esos planetas están en fase de oposición, en fase de Luna llena, en fase de VII.

En un momento de la película se refiere a esta específica crisis de edad: es cuando la señora Devaux explícita su crisis de los 40 años diciendo que la incertidumbre que es tolerada sin inconvenientes mayores a los 20 años se transforma ahora en angustia. El tono de la edad de 42 años es de oposición, de Luna llena, un tono que está asociado a la posibilidad de poder enfrentarse con aquello que en algún momento se inició. Esta capacidad de "oponerse a" se relaciona con la cualidad de lo que hoy se reconoce como insight, y que no es otra cosa que aquello que entendíamos como darse cuenta. La fase de oposición (o de Luna Llena o de VII) es un momento para darse cuenta, para ser conscientes de la naturaleza de aquello que se inició en la conjunción (o Luna Nueva o fase de I); es un momento especular, un momento espejo, que otorga la posibilidad de verse a sí mismo. Todo momento que refiere a la Luna Llena, todo momento de oposición, todo momento libriano, representa una oportunidad para verse, para darse cuenta.

.- Casa VII. Dentro de la rueda de casas, la séptima habla de las relaciones complementarias y de la apertura a la vincularidad social.

Entonces, referirnos a Libra implica referirnos análogamente a todos estos otros niveles.

La cardinalidad de Libra y el inicio de la experiencia social

Nos parece interesante aprovechar esta película, antes que para recordarnos todo aquello que ya sabemos de Libra, para profundizar en cierta característica libriana en la que generalmente no se repara: Libra es un signo de modalidad cardinal.

Comencemos recordando que en el zodíaco hay tres ritmos: cardinal, fijo y mutable. Lo cardinal refiere a una acción de impulso, de definición, de inicio; lo fijo representa una acción de consolidación y sostenimiento; y lo mutable se caracteriza por una acción adaptativa que desestabiliza para propiciar la generación de un movimiento cardinal futuro.

La definición de la modalidad cardinal en términos de inicio, definición y arranque, no resulta difícil de asociar con lo ariano. Pero cuando decimos que Libra, Capricornio y Cáncer son signos cardinales, generalmente surgen vacilaciones.

Muchas veces se asocia rápidamente a Libra con lo pasivo, con aquello que está a la espera, con lo dubitativo. Visto así, cuesta vincular a Libra con la cardinalidad. En este sentido, la película nos sirve como ejemplo ilustrativo respecto a como lo libriano es sumamente activo.

En realidad, Libra es de Aire

Y el Aire es un elemento activo, de manifestación.

Ahora, basándonos en la película, ¿en qué podríamos ver esta cardinalidad libriana? Consideremos lo libriano como disposición al encuentro, a la complementariedad, a proponer y estimular el deseo del otro, llegar a otro. Hay un modo relacionado a la omisión, a no explicitar, a dejar sugerido, que revela una alta dosis de provocación para generar la manifestación de un deseo, de una decisión, de una iniciativa. En esto Libra es cardinal: inicia relación. Provocar el vínculo implica que en Libra se inicie una cualidad distinta en el proceso que se viene desarrollando. Si Libra es efectivo las cosas no van a seguir como están, porque se inicia algo nuevo: la relación.

Libra es el signo cardinal de Aire. Cada modalidad rítmica tiene un signo de cada elemento, y a Libra le corresponde la cardinalidad aérea. El Aire, además de relacionarse con lo mental y la capacidad de objetivar, tiene que ver con lo vincular. En Libra se activa –diríamos casi irresistiblemente- el encuentro y por eso se le adjudica la regencia de Venus. Sin embargo, es interesante ver que Venus es regente de dos signos: Libra y Tauro. La diferencia entre ambos modos de lo venusino es justamente la actitud activa o receptiva. Venus en Tauro es un Venus de Tierra, esto es un Venus asociado al pulso de la absorción. Venus en Libra es un Venus de Aire, esto es un Venus asociado al pulso de la manifestación.

Si Venus en Libra se vincula con la modalidad activadora del deseo, provocadora del deseo y complementaria del deseo del otro, entonces Venus en Tauro aparecerá más vinculado al disfrute sensual y la contemplación, un goce sensorial en el que no necesariamente se significa un otro, una capacidad perceptiva y de satisfacción corporal que no necesita vincularidad. Venus en Libra propicia la vincularidad. Resulta acaso más abstracto que el Venus taurino, se relaciona con el arte pero no desde la labor del artista (dimensión más taurina en tanto implica trabajar la materia y resultar en obra), sino con la apreciación del arte, con la ponderación de hecho artístico.

Podríamos decir que en el señor Castella, este empresario acostumbrado a que todo sea muy concreto y material, la activación que le propone el vínculo con la señora Devaux es la de su propia condición venusino-libriana: ser capaz de apreciar y tener gusto estético. Esto nos sirve como introducción para el análisis de ese vínculo en particular.

En la película se puede apreciar como aparece progresivamente el registro del otro. En el comienzo de la película cada uno de los personajes aparece encerrado en su mundo, pero luego van abriéndose a lo vincular y produciendo o no un cambio.

Y esa apertura vincular excede lo estrictamente relacionado a la pareja. La disposición a la complementariedad abarca todo tipo de relación y, en realidad, inaugura la dimensión de lo social. Tanto el zodíaco como la rueda de casas, desde la fase I (Aries o casa I) hasta la fase VI (Virgo o casa VI) desarrollan un proceso que es el del individuo en la conformación y manifestación de su identidad y conciencia de sí mismo. Ahora, en Libra se inicia el proceso de apertura y contacto con lo social, proceso que luego se desarrolla a lo largo del recorrido por todo el hemisferio superior. Algo debe ocurrir con el yo -la identidad autoreferida- en ese momento libriano a partir del cual ya empiezan a aparecer los otros.

Es sabido que cada signo tiene asociado a su cualidad, además de un planeta regente, un planeta en caída y otro en exaltación. El planeta regente de Libra es Venus, pero Saturno se encuentra en exaltación. En principio, Saturno suena muy frío para la energía libriana, sin embargo la comodidad saturnina en la cualidad de Libra tiene que ver con esta dimensión social que se abre allí, con la respuesta a normas, a ciertos patrones, como lo presupone la ponderación libriana: existe un fiel, un centro de referencia. Este patrón de referencia generalmente gira en torno a convenciones sociales, sean más o menos regresivas o progresivas.

Acuerdos vinculares

Y un cierto grado de relación que implica un compromiso. Tanto en Libra como en casa VII, la palabra responsabilidad o compromiso no resulta ajena. En general no nos gusta asociar esas palabras a los vínculos y preferimos identificarnos con una actitud más libre, con la creencia de elegir con libertad y sin condicionamientos nuestras relaciones. Compromiso o responsabilidad queda automáticamente asociado a aburrimiento, imposición, restricción.

Sin embargo, responsabilidad y compromiso en absoluto tienen necesariamente que ver con imposición o condicionamiento alguno, sino que pueden verse asociados a madurez y a cualidades saturninas como conciencia, tiempo y capacidad de respuesta a expectativas sociales.

En este punto cabe preguntarnos si acaso el malentendido acerca de lo libriano no lo aporta el yo. Con una mala traducción de lo libriano en beneficio del ego o del yo personal se distorsiona completamente, no sólo la percepción de la cualidad libriana, sino la correcta apreciación de todo el hemisferio zodiacal que se inaugura en Libra.

El cuadrante Libra, Escorpio y Sagitario (en otro plano, casa VII, casa VIII y casa IX) nos habla del yo en interacción vincular activa, mientras que Capricornio, Acuario y Piscis (Medio Cielo, casa XI y casa XII) abre una dimensión de trascendencia del yo. Ambos cuadrantes conforman el hemisferio social.

Venus y la apertura a la dinámica vincular

Hay algo respecto a lo venusino que es necesario distinguir, y tiene que ver con dos cualidades distintas asociadas a esa misma función: la taurina y la libriana. Hagamos esta distinción reflexionando acerca de un concepto típicamente venusino: el equilibrio. En Libra el equilibrio es ideal, no existe en la realidad. Además es un equilibrio constantemente inestable. No es verdad que cuando están en equilibrio "los dos platillos de la balanza estén quietos", sino que deberán estar oscilando mínimamente, de forma casi imperceptible pero constante, perpetua. La condición de equilibrio fijo, estable, inamovible es propia del peso, de la gravedad taurina, y en verdad no se trata de equilibrio sino de estado de reposo. Mientras que el Venus taurino se asocia al reposo, al peso de la sustancia, el Venus libriano resulta inquieto, aéreo.

En el comienzo de la película todos los personajes están instalados en un modo de relación, están fijos y quietos. Pero cuando aparece una nueva vincularidad, todos empiezan a moverse y todo cambia.

El conjunto se dinamiza.

En el caso de la mujer de Castella, toda su cualidad venusina queda reducida a un gusto estético meramente decorativo.

Es interesante el juego de Venus-Marte en la esposa de Castella.

En la película la complementariedad que aparece no es la de iguales, sino que es un equilibrio entre diferentes.

Si, aparece clarísimo. Lo que me complementa no es lo similar a mí, sino lo diferente. El verdadero vínculo es con lo diferente, no con lo igual. Y los aprendizajes más significativos de los personajes de la película se dan en relación a esto. Por ejemplo, si el asesor de la empresa habla "como un ministro" es porque si hablara como lo hace el señor Castella no le serviría como asesor; el vínculo se justifica porque ese asesor es diferente a él.

Si los vínculos se establecen con similares, entonces no son más que una prolongación de mí mismo, una prolongación del yo. Por eso, quien sufre en Libra o en casa VII es el ego personal. Es el ego el que no quiere admitir la evidencia de que para que mi identidad profunda se siga revelando es necesario desidentificarse progresivamente con aquello que creo ser. La enseñanza en Libra consiste en reconocer que no se trata de que "yo estoy con otro" u "otro me sirve como complemento", sino que hay una dimensión del ser que tiene en Libra la oportunidad de manifestarse a partir de ser con otro. Si no estuviera con ese otro, esa cualidad del ser no se revelaría. Y esa cualidad revelada ya no me pertenece, sino que es la cualidad del vínculo, es la identidad de la relación.

Es claro como en el comienzo de la película el señor Castella parte de una identidad fija y se va moviendo hasta incluir la relación.

En realidad, el movimiento lo realiza el conjunto de relaciones.

Sin embargo, el movimiento recorre momentos específicos. Algo ocurre en el señor Castella cuando conoce a la señora Devaux interpretando su papel en la obra de teatro, y esto lo lleva al movimiento de intentar llegar a ella. Allí se va generando una relación.

Quizás podríamos distinguir la específica calidad de cada una de las relaciones que van apareciendo a lo largo de la historia. La que parece más rica, la que más crece a lo largo de la película, es la de el señor Castella y la señora Devaux.

Es interesante que ella crea que todo lo que hace el señor Castella tiene el objeto de complacerla y que se sorprenda cuando él le dice que el cuadro lo compró por su propio gusto y placer.

Una dimensión de él se abrió a partir de conocerla a ella, hay un contacto inédito con su propia sensibilidad, una dimensión sensible que resultó estimulada por ese vínculo y que canaliza a través del descubrimiento del arte.

A partir de descubrir el arte se genera en él un interés. Lo que no se conoce no se desea.

Vínculos de VII y vínculos de V. La complementariedad Venus-Marte

Otro punto sobre el que esta película permite reflexionar es la discriminación entre un vínculo de casa VII y otro de casa V. En casa VII la relación revela una dimensión nueva y desconocida en los individuos a partir de haber establecido ese vínculo; ese espacio interno que se abre ya no queda encerrado en una circulación con ese otro, sino que es una dimensión que excede a uno y otro en tanto individuos. En todo caso, en el señor Castella aparece la angustia de no poder compartir con ese otro (porque no resulta elegido) la vitalidad de esa expansión interna.

La conducta más apropiadora, invasora y marciana que muestra al comienza el señor Castella se va diluyendo. Se fascina, no tanto con la persona, sino con todo lo que la señora Devaux conmovió en él. Su deseo ya no es el de poseer a una mujer, sino de desarrollar el vínculo que esa mujer trajo como posibilidad.

¿Qué pasa con un vínculo de casa V? Los temas propios de la casa V son la autoexpresión, la manifestación creativa, el animarse a mostrarse y expresarse. Tradicionalmente se la asocia con los niños, con el juego y también con los amantes. En este sentido, también podríamos decir que se vincula con la experiencia del enamoramiento.

A diferencia de la casa VII, los vínculos que establezco desde V, antes que complementarios, son autoconfirmatorios.

Narcisistas.

Podríamos decir que sí. Tiene que ver con aquellos vínculos en los que me siento atraído por personas que me devuelven lo que quiero confirmar de mí mismo. En realidad, aquí no hay mucha tolerancia a lo diferente y podríamos decir que, en cierto sentido, son vínculos egoístas, inconscientemente egoístas. Parece evidente que aquí aquella cualidad saturnina que adjudicábamos a la vincularidad libriana (por extensión a casa VII) no se encuentra tan cómodamente expresada. El sentido de responsabilidad desdibuja la pasión del enamoramiento.

Saturno en Leo no experimenta una cualidad afín.

No está cómodo, está en detrimento. La cualidad leonina resulta muy incómoda para la experiencia humana de la función saturnina.

Habías comentado la relación Venus-Marte en el personaje de la esposa de Castella.

Si Venus es energía de receptividad, de respuesta amorosa y disposición al encuentro, Marte es energía de definición, autoreferencia, autodeterminación, capacidad agresiva.

Es capacidad de acción.

Sí, y siempre resulta esencial recordar que Venus y Marte forman un par indisoluble. No es posible desarrollar una función sin que al mismo tiempo se desarrolle la otra. Ejercer una actitud receptiva de encuentro va a provocar que alguien intente o se sienta seducido a ese encuentro; si soy muy mandado e intrusivo buscaré encontrar aquello que me recepcione y me encuentre. No es posible imaginar la expresión de una de estas funciones sin que también aparezca una manifestación complementaria de la otra.

En este sentido, es interesante observar los casos polarizados, es decir de expresión extrema de alguna de estas funciones. Y el personaje de la esposa de Castella es buen ejemplo. En realidad, en ese matrimonio se manifestaba un acuerdo tácito de adjudicación de roles venusinos y marcianos: Castella era el empresario marciano, ignorante, bruto, incapaz de apreciar sutilezas, y su mujer era la decoradora venusina, fina y con un delicado sentido estético.

Parecía un poco virginiana.

Sí, pero también podríamos verla como una fanática del equilibrio, de lo correcto y adecuado, de la justa medida.

Era venusina en lo superficial, porque profundamente era muy marciana: se hacía lo que ella quería y no registraba a nadie.

Lo cual confirma que siempre están ambas funciones expresadas. Una expresión venusina tiene su correspondiente manifestación marciana complementaria. En verdad, en esta aparente venusina profundamente había mucha incapacidad de ser receptiva al deseo del otro. Su perrito era la manifestación de su sombra marciana: intratable, reactivamente agresivo, incapaz de vincularse... (risas). La mirada del mundo de la esposa de Castella no difería demasiado de la conducta que manifestaba ese perrito: las relaciones humanas son crueles, injustas, dolorosas, no hay posibilidad de encontrar amor en el mundo, hay que defenderse de él y sólo dentro de ella misma había sensibilidad, delicadeza y equilibrio... Esta es una escisión interna extrema.

Había una característica en el señor Castella de accionar por omisión, un modo típicamente venusino: sacarse el bigote, dejar de ir a la clase.

Y, al mismo tiempo, se lo veía muy receptivo al deseo del otro. Alguien podrá decir que ese "dejar de ir" tiene algo de histeria libriana, pero es esta característica de hacerse notar por omisión, por sugerencia. Lo libriano-venusino genera una acción por omitir, por no hacer, por dejar un espacio vacío de disponibilidad. Sin duda, que alguien falte a una cita es algo que irrita mucho, con lo que se corrobora que Venus y Marte siempre van juntos.

Omitir es una forma de agredir.

Sí, "no haciendo" estás definiendo una acción, estás haciendo algo.

También se lo veía muy marciano cuando, por ejemplo, contaba chistes en el bar o explicaba y aclaraba su declaración de amor.

Sí, el señor Castella estaba entrenado en lo marciano, no le resultaba natural manifestarse venusinamente, pero por lo menos estaba intentando hacerlo, intentaba expresarse a través de una poesía. Progresivamente se va consolidando más en su expresión venusina, opina cada vez con más autoridad, por ejemplo, sobre el diseño del cartel publicitario de su fábrica.

Respecto a las diferencias entre lo marciano y lo venusino, es muy interesante como esta película muestra qué hacen las mujeres y qué los varones cuando están heridos de amor. Las mujeres aparecen contándose lo que les pasa, hablan sobre lo que sienten, mientras que los varones se juntan y permanecen callados, comparten lo que les pasa no hablando. Castella sí le habla de su dolor a Mani, la chica del bar, cuando ésta lo cura de la agresión que sufrió en la calle, y el chofer evita comentarle al guardaespaldas la verdad de la carta que le ha escrito su novia y sí se lo confiesa a Mani.

Mani es un personaje al que todos le confiesan.

Y el que parece más libre, más abierto a todo tipo de vínculo, muy activo.

Parece un Venus en Acuario.

Y hacia el final de la película se notó que su capacidad venusina, en verdad, tenía un déficit.

En un diálogo con la actriz, Mani le confiesa que le gustaría dejar su vida y cuidar de la casa, tener hijos.

Mani "juega" con la posibilidad de casarse con el guardaespaldas. Ella defiende lo venusino y mantiene una distancia respecto a lo lunar, a la posibilidad de estabilizar una relación, de formar familia. Pero aún desde lo venusino, en el final de la película esta mujer, aparentemente libre en sus vínculos, muestra que guarda el anhelo de un vínculo con contacto.

Hay un temor al vínculo, se vincula "jugando".

Y esta venusina que parece tan abierta y decida, sin embargo, en el final de la película, espera ocultándose detrás de la cortina de su ventana que el guardaespaldas suba a su departamento.

No se asoma, no se muestra dispuesta.

Y permite comprobar que ese Venus, en realidad, sufre, está herido, tiene miedo.

¿No será un miedo lunar?

Es posible, pero creo que aparece por una imposibilidad venusina a aceptar lo diferente. El desafío venusino es el de aceptar lo diferente, y eso es lo que realmente permite inaugurar otra dimensión vincular, pasar a otra cosa. Si sólo acepto los vínculos que me confirman, los vínculos con iguales, voy a permanecer en la zona canceriana-leonina del mandala, la zona de la pertenencia e identidad personal.

La apertura a lo diferente y el encuadre esotérico

Cuando hablabas de aceptar lo diferente, recordaba que Venus es hija de Urano.

Sí, y aquí podemos hacer un paréntesis para referirnos a astrología esotérica. Para esta otra dimensión de la astrología, el regente de Libra es Urano. La astrología con la que comúnmente trabajamos –exotérica- trata sobre el yo, el protagonista es la identidad personal que va atravesando por las diferentes experiencias de la vida. En astrología esotérica el centro no está en el yo individual, sino en la vida que se manifiesta a través de los seres individuales, la humanidad que se revela a través de los individuos; el centro está en la humanidad, en lo humano, no en el ser individual. Por eso, el verdadero desafío libriano para el yo separado es aceptar la desidentificación personal que el vínculo complementario con otro provoca, aceptar que la naturaleza de la complementariedad me vincula con lo que es diferente a mí. Encontrarse con otro es encontrarse con la humanidad, con todo-lo-humano-que-no-soy-yo; si me encuentro con lo similar, me encuentro con el mismo recorte de lo-humano-que-soy-yo, y en ese encuentro la humanidad no crecerá mucho.

Esta mirada que trasciende el ego es quizás la mirada del espectador de la película, del que ve una trama energética por detrás de las circunstancias humanas que viven personajes que las sienten personales. En este sentido, para el señor Castella quizás no haya nada esotérico en lo que le está ocurriendo y sienta que lo que le pasa es que "le gusta la señora Devaux". Todos nosotros vivimos los acontecimientos de nuestra vida desde un "nivel señor Castella", pero también por momentos puede revelarse la conciencia, más abarcativa y trascendente, "del espectador que contempla la película". Ambos son niveles de la conciencia, uno más personal e identificado con lo individual, y otro transpersonal y con centro en la humanidad.

Sacándolo del nivel de vínculos de pareja, el encuentro de dos personas que comparten la misma raza, la misma religión, el mismo estilo de vida, la misma visión del mundo, no representa un avance significativo para la conciencia humana. La humanidad progresa en el encuentro de aquellos que provienen de culturas totalmente distintas, con concepciones del mundo diferentes.

Bin Laden y Bush.

En ese hipotético encuentro habría un notable progreso humano. Ahora, que Bush declare la guerra contra "el eje del mal" y que Bin Laden sienta que se enfrenta "a la encarnación del demonio", revela que como humanidad estamos repitiendo una polarización extrema. Esta distancia externa refleja una distancia interna de la humanidad. No sabemos si ha llegado el momento de acercarla o si todavía tenemos que repetir la experiencia del conflicto para adquirir conciencia como humanidad. El gran salto cualitativo sería que tanto Bush como Bin Laden –que, por cierto, son polos alegóricos de nuestra propia distancia interna- se mostraran conscientes de que ambos están en un planeta que los contiene, que la vida en la Tierra los ha generado a ambos.

Y que quizás no sean tan diferentes.

Porque comparten un mismo centro humano. Lo que sistemáticamente hemos venido repitiendo como humanidad es la exclusión del diferente. En el siglo XX resultó evidente que nuestro modo vincular es de exterminio del diferente. Y tocamos el límite de que exterminar al diferente implica poner en peligro la continuidad de la vida en el planeta, y acaso este límite represente una presión a favor de un tipo de vincularidad más incluyente. Aceptar al diferente como constitutivo de la misma humanidad que me recorre es un tipo de conciencia bastante inédita en la humanidad, un tipo de conciencia esotérica (por definición, "oculta") que corre el centro de lugar.

Ahora, esta distancia interna en lo humano tiene que ver con una distancia que se reproduce en cada uno de nosotros: la diferencia de géneros, el desencuentro masculino-femenino. Este es un desafío que nos alcanza a todos: comprender complementariamente al otro sexo. Si bien hoy se puede percibir la necesidad de reunir con una calidad de integración distinta la complementariedad masculino-femenino, hasta ahora no hemos sabido expresarla más que en modos muy polarizados. No ha habido mucha predisposición a comprender al otro sin juicio. Esta comprensión es aún una deuda en la humanidad y en cada uno de nosotros. Los grandes antagonismos entre religiones, entre concepciones ideológicas del mundo y de la vida, tienen su raíz en escisiones entre el principio masculino y el femenino, escisiones sobre las que sombriamente se estructuran cada una de ellas, pero que son proyectadas sobre algún otro "demonizado".

Sin duda, afirmar que las grandes religiones se basan en una escisión entre el principio masculino y el femenino abre una reflexión que excede el debate de hoy. Acaso sólo podemos dejarlo enunciado aquí como una hipótesis provocadora.

La VII en relación a otras casas. Dimensión energética y condicionamiento cultural

Yendo a la película, la relación entre el guardaespaldas y la chica del bar es quizás la que más claramente aparece como un vínculo de V.

Se permiten bromear sobre la VII.

Y justamente cuando él queda libre, cuando tiene todo el tiempo para la relación, ambos retroceden: él no se anima a subir a su departamento y ella se esconde detrás de la cortina.

Y podríamos decir que para asumirse como una relación de VII tendrían que "dejar de ser quienes son", y eso les da mucho miedo a ambos. En realidad, abandonar la seguridad básica canceriana-leonina da mucho miedo.

Ahora, consideremos los ejes angulares (I-VII y IV-X). Históricamente, en nuestra cultura los vínculos complementarios de VII tuvieron, hasta hace muy poco tiempo, un enorme condicionamiento de IV. Los vínculos matrimoniales se definían en términos de conveniencia social, eran decididos por las familias antes que por la voluntad de los cónyuges (de hecho, en muchas culturas hoy sigue siendo preponderantemente así). Así, la casa VII quedaba connotada como dependencia atávica con aquello que la tradición familiar imponía.

El siglo XX inaugura la posibilidad de generaciones que se animan a elegir desde la voluntad individual las relaciones complementarias. Sin embargo, lo que vemos en historias como las de esta película (y en muchas otras) es que la aparente elección desde mí mismo, desde mi libertad individual, es una elección desde V, desde una necesidad confirmatoria del ego que se crea una fantasía romántica de complementariedad.

En verdad, la VII es consciente de la X. Aquí podríamos aplicar el método tradicional de casas derivadas, y considerar que la casa X "es la cuarta casa desde la VII", es decir que el vínculo complementario generado en VII tomará forma definida en X.

Al ser el primer sector del hemisferio social, lo que ocurre en VII es consciente de una aspiración de culminación, culminación que no es un fin personal, sino un fin social. En la VII existe la posibilidad de ser consciente de que el vínculo genera algún tipo de logro o hecho social. Es consciente, por ejemplo, del potencial de generar una familia, de generar progenie. La apreciación vincular desde VII y consciente de X no considera el tema hijos como fatalidad. Para quién sí suele ser una fatalidad es para el vínculo de V, esto es un tipo de vínculo que aspira a mantenerse en la zona del mandala signada por la experiencia individual y que por eso proyecta en el hemisferio social pura imposición, deber ser o un compromiso responsable con la sociedad que anula la vitalidad.

Esotéricamente, Capricornio tiene que ver con la energía de iniciado, de quien se entrega a la obra de la humanidad.

En astrología esotérica Capricornio es el signo del iniciado, esto es de aquel que es consciente de su misión en el mundo, de que su acción en el mundo no tiene que ver con el yo, sino con un servicio al mundo.

El que desde VII no es consciente de X es porque no entiende la VIII.

Se queda trabado en la VIII, se queda trabado en el conflicto y entonces renuncia. El conflicto debe generarse, la VIII es una necesidad natural luego de haberse producido el encuentro con el otro diferente en VII. Es necesario que haya un momento de tensión, tensión que será muerte, muerte del yo. En general, el vínculo de V se plantea el encuentro de VII, pero ante la tensión de VIII renuncia o intenta volver a la V. El vínculo de V se plantea la complementariedad más profunda propia de VII, pero ante la tensión de VIII regresa a la fantasía romántica de V, no alcanza la construcción vincular de X. Es allí cuando esta dimensión de X puede llegar forzada, como hecho externo que exige hacerse responsable; puede llegar, por ejemplo, con la llegada inesperada de un hijo del cual el vínculo "debe" hacerse cargo. Así, ya no es una conciencia que se amplia y naturalmente se expresa a través de un hecho social.

Este llegar a X en forma forzada se hace desde IV-V, no desde VII.

Y así la X se transforma en mera formalidad institucional, imposición social.

Como vemos, hay en VII una dimensión muy profunda, y no es fácil encontrar relaciones que la reflejen auténticamente. En este sentido, las relaciones de VII de nuestros abuelos estaban absolutamente condicionadas por la IV y una modalidad de X determinada por la preservación de la tradición y sus costumbres. Es significativo que las relaciones de complementariedad estén culturalmente asociadas a conceptos como "matrimonio" y "patrimonio", conceptos que aluden a "madre" y "padre", a IV y a X. Creo que todos percibimos estos criterios como una interferencia, como una imposición de la estructura social que impide la vivencia más profunda y auténtica de lo vincular. También podemos ser testigos de vínculos de VII que surgen de fantasías de V. Pero, siempre presionados por la identidad por pertenencia o la autoafirmación individual. Lo que realmente resulta poco verificable es la posibilidad de una vincularidad de VII desde una identidad que se revela, no en el yo, sino en el nosotros.

Creo que colectivamente hoy existe la percepción de que algo está fallando en nuestra modalidad vincular complementaria. Ya no son los padres los que definen el vínculo, pero también estamos aprendiendo a desconfiar de que nuestras pasiones románticas o atracciones eróticas resulten satisfactoriamente complementarias. Creo que la mayoría de nosotros podemos compartir la percepción de la necesidad de resignificar nuestros vínculos de VII, darles una orientación, un sentido en dirección a una complementariedad más vital, plena, real, sin apelar a recursos fantásticos o idealistas que, en realidad, son trucos del yo.

Es importante recordarnos que abrirnos a un vínculo complementario es abrirse a una conciencia social. Todo vínculo tiene un eco -un fin- social. Todo vínculo plasmará una forma en el mundo. Esa forma consolidada no será "mi" plasmación, no será un logro individual, sino que será una experiencia humana plasmada en el mundo.

Y allí llegamos a Piscis.

Luego de Capricornio llegarán los momentos acuarianos y piscianos. Allí surge la conciencia de seres en red. No somos individuos aislados, sino seres individuales que estamos interrelacionados y que constituimos un todo, la comunidad humana. La disolución del ego en Piscis es proporcional a la aparición de la percepción sensible de que la humanidad es un todo vital con el planeta, el planeta mismo es un ser viviente que constituimos en tanto microorganismos funcionales a esa entidad viva. Y acaso allí nuestra conciencia incluso pueda ampliarse y alcanzar la percepción del planeta, no sólo como unidad vital, sino como integrante de una unidad mayor que es el Sistema Solar, que a su vez es unidad funcional de un todo más amplio que es la galaxia... y así al infinito. Pero antes de llegar a estos planos de percepción (acceder a ellos rápidamente resultaría sospechoso) empecemos por la casa VII.

La funcionalidad del conflicto en el proceso vincular

En verdad, el trabajo empieza en el vínculo, en especial en el vínculo complementario. Un trabajo muy concreto: despertar en vínculo la conciencia de que mi expresión revela la integración a una totalidad mayor, la comunidad social, y que en verdad es la vida experimentándose a través de esa complementariedad particular. Ese proceso vital se va desarrollando muy concretamente en nuestros costosos vínculos de pareja, en las tensiones con nuestros otros asociados.

Olvidar ese ámbito concreto de labor podría llevarnos a la fantasía de ser monjes en contemplación.

Y aislados. Seguramente un verdadero monje no está desconectado de esta percepción, porque desarrollar sensibilidad espiritual no es aislamiento.

Esta conciencia universal aceptaría que el individuo aprende acerca del misterio de lo vincular peleándose con su pareja, discutiendo con los socios, experimentando sensaciones de mutua invasión con allegados. No creo que adquirir esta conciencia implique eliminar el conflicto, sino dar a ese conflicto un sentido que trasciende el nivel del ego.

Es muy claro que si en el momento del conflicto –casa VIII- algo del yo no muere, el vínculo no se desarrolla. Es algo muy evidente en la película. Los personajes que aprovecharon eso que definías como "momento de Luna Llena", ese momento en que es posible darse cuenta, son los que generaron un vínculo: el señor Castella y la señora Devaux.

Y también se dieron cuenta Mani y el guardaespaldas, pero optaron por renunciar.

El tema de la renuncia aparece también ligado al guardaespaldas cuando el chofer le comenta que finalmente su compañero de la policía había logrado encarcelar al delincuente que él mismo había intentado atrapar hasta que decidió renunciar a ese intento. A ese delincuente lo atrapó aquel que no renunció.

Podríamos decir que lo atrapó aquel que se comprometió.

Mientras que el guardaespaldas luego va a buscar a Mani y también renuncia.

Renuncia a VII para volver a V, renuncia al compromiso del vínculo complementario para retornar a su orgullo individual.

¿Que hubiera ocurrido si la esposa de Castella hubiera reaccionado distinto cuando descubre ese cuadro en su casa, lo cual era descubrir el intento de apertura a su sensibilidad del señor Castella?

Sólo se le ocurrió reprocharle y ofrecerle un pastel.

Ni siquiera. En realidad, no se le ofreció el señor Castella sino al perro. El señor Castella contesta porque cree que se ofreció a él... (risas).

Es interesante que cuando el señor Castella deja a su mujer había sido rechazado por la señora Devaux. El queda libre, no remplaza a un vínculo con otro.

Comienza a seguir esa energía que está descubriendo, actúa a partir de la sensibilidad que se va revelando: se relaciona con el pintor, compra cuadros.

Si bien anhela compartir esa apertura a su propia sensibilidad con la señora Devaux, de todas maneras esa dimensión ya quedó habilitada en él.

El señor Castella aceptó el desafío de la VIII.

Aceptó la intensidad conflictiva que su búsqueda de complementariedad generó. Y esta aceptación es una clave: la aceptación del conflicto, no su rechazo o proyección. Si yo me comprometo en VII porque creo que es "el paraíso", en verdad estoy más próximo a una fantasía de V que a un compromiso de VII. Si acepto la tensión vincular acaso pueda lograr percibir que atravesar el conflicto es parte del proceso vincular y que allí se revelará una vitalidad que amplía y expande mi conciencia.

Es interesante que el señor Castella queda impactado por la señora Devaux viéndola en el teatro interpretar un personaje en conflicto.

Un personaje que sufre de amor, que padece la distancia del ser amado.

Mientras que cuando se le presentó como profesora de inglés no le llamó la atención.

Castella parece darle tiempo de proceso a lo que comienza a sentir, a diferencia de los otros personajes masculinos –el chofer y el guardaespaldas- que rápidamente acceden a la intimidad con Mani.

Son más jóvenes... (risas).

Sí, cuanto más joven, menor disposición a dar tiempo de proceso a los vínculos y mayor anhelo a fundirme en la pasión. El tiempo implica que la pasión inmediata se frustra, pero también abre la posibilidad a que el proceso genere otras delicias futuras. En el tiempo puede haber sabiduría.

La sabiduría del tiempo. Saturno exaltado en Libra.

Parece fundamental que el señor Castella se haya dado tiempo para ir descubriendo qué le atraía de la señora Devaux. No se fijó el objetivo de conquistarla, sino que fue explorando esa atracción.

Y eso trae el beneficio secundario de que, al mismo tiempo que me permito ir explorando la relación, también voy descubriendo qué se provocó en mí. Si el vínculo se agota rápidamente en una descarga de intensidad erótica y pasional, nunca llego a conocer qué dimensión abre en mí. Sin este tiempo de proceso acaso el señor Castella no hubiera experimentado esa nueva expresión de sensibilidad que lo llevó a apreciar de un modo renovado el arte, y se hubiera mantenido en el personaje de empresario conquistador, simpático e ignorante, que divierte en las reuniones.

El protagonista de esta historia es el proceso interno del señor Castella.

Y el broche final es la sonrisa de esa mujer seca, refractaria a lo afectivo, que abre su sensibilidad al encuentro amoroso con ese otro diferente y complementario.

Bibliografía de referencia

Rudhyar Dane, Zodíaco, el Latido de la Vida, Ed. Obelisco, Barcelona (España), 1982.
Rudhyar Dane, Las Casas Astrológicas, Ed. Kier, Buenos Aires (Argentina), 1990.
Ruperti Alexander, La Rueda de la Experiencia Individual, Luis Cárcamo Ed., Madrid (España), 1986.

 
Créditos
Casa XI - Director: Eugenio Carutti