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Lógica del objeto y lógica de la información.

 Los principales problemas de la humanidad como especie parten de la lógica a partir de la cual nos pensamos a nosotros mismos y al mundo, y más profundamente la forma en la cual nos percibimos y nos sentimos (teniendo en cuenta que los sistemas cognitivos constituyen una unidad ideica-perceptual-emocional-sensorial). 

Los seres humanos hemos acordado colectivamente, desde la función del sistema que se encarga de ello, lo que llamamos habitualmente yo, que somos entidades separadas las unas de las otras, y por lo tanto, en última instancia objetos. Esta lógica, que llamaré lógica de los objetos, implica la modalidad de interacción y construcción de la realidad fundada en la lucha de poder entre posiciones, la competencia, la posesividad, la ambición, el apego y demás variables que son la base de las dramáticas humanas a través de los tiempos. Estos problemas no tienen solución posible dentro de esta lógica porque estructuralmente los contiene y los provoca.

Entonces solo sería posible encontrar la solución a estos problemas en una nueva lógica.

La respuesta al problema, o aprendizaje necesario, no puede, en este caso, encontrarse en el mismo nivel en el cual el problema se plantea. Siguiendo a Bateson diremos entonces que será necesario desarrollar un aprendizaje de nivel III, es decir, propiciar la emergencia de un nuevo contexto lógico en el cual las partes en conflicto se reordenen y adquieran una nueva significación.

¿Será posible entonces plantear una nueva lógica, un nuevo contexto, para pensarnos, y luego sentirnos, a nosotros mimos ya no como meros objetos sino como información que circula en la red de la existencia? 
Esta lógica diferente implicaría otra modalidad de interacción entre seres humanos, una interacción amorosa y una  comprensión de la realidad más acorde a las necesidades planetarias de hoy.

Investiguemos un poco de dónde viene la percepción de ser objetos y si es posible que otra percepción pueda emerger.

Un ser humano es un sistema complejo que excede a la habitual idea de “yo” que manejamos cotidianamente para dar cuenta de lo que somos. Sin embargo nos pensamos-percibimos-sentimos a nosotros mismos como meros "yoes", básicamente porque es desde esa función del serdesde la cual nos percibimos a nosotros mismos, la función de autoconsciencia. 

Demos un rodeo para pensar un poco acerca de este  yo que postulamos antes de continuar.

Podemos decir que un ser humano es, en un plano o nivel, un cuerpo, esto es, una entidad material ubicada en un determinado espacio-tiempo. Este cuerpo incluye como órgano central para su funcionamiento un cerebro: tejido celular específico (neuronal) de alta complejidad.  Un cerebro-cuerpo, que estructuralmente existe en permanente intercambio con otros cerebros-cuerpos,  produce un “yo” (en el mejor de los casos, cabe aclarar, diversas son las tempranas vicisitudes que un ser humano puede atravesar para que esta función ni siquiera llegue a construirse en forma acabada) que voy a definir, en principio, como el complejísimo circuito neuronal (esto es información química que circula a través de las neuronas de acuerdo a un patrón) que  registra, inscribe o conserva en lo que denominamos memoria un conglomerado de datos acerca del cuerpo en el que tiene lugar ese circuito neuronal.

La construcción de este circuito conlleva un largo proceso interactivo, es decir, que se produce en el interior de la “manada” humana. Así, el yo es producto o resultado de una compleja interacción entre seres humanos.

Someramente podemos decir que un cuerpo inmerso en la manada recibirá a través de los sentidos la información circundante generando respuestas o reacciones que se organizarán en forma de lo que denominamos sensaciones. A través del proceso o función de la memoria, las sensaciones que se producen en ese cuerpo como reacción a su “ser-estar” en el mundo, se registrarán o conservarán y se irán  clasificando de acuerdo a si resultan placenteras o displacenteras, es decir, si gratifican o no al cerebro que las registra (por ej, la sensación de hambre que genera un determinado circuito neuroquímico displacentero y que se aplaca con la ingestión de alimento generando un nuevo circuito neuroquímico placentero).

Estos primeros registros o marcas sensoriales constituyen las bases para que el cerebro construya una imagen del cuerpo que lo contiene a partir de las imágenes que percibe de los otros cuerpos en la manada (proceso de identificación-desidentificación, estadio del espejo desarrolado en el psicoanálisis de Lacan). Así, el cuerpo como entidad material biológica termina siendo a su vez, una idea-pensamiento, realidad inmaterial-imaginaria, un cuerpo-imagen reflejo del cuerpo material conservada en la memoria, lo que en psicoanálisis se denomina narcisismo.

A esta imagen se ligará el nombre que  la manada-familia “le puso” a ese ser y un relato verbal más o menos lineal que organizará en forma de historia las experiencias atravesadas por ese cuerpo en su ser-estar en el tiempo-espacio. El yo será entonces también, aquella función del ser que registra en la memoria las vivencias que el cuerpo atraviesa transformándolas en experiencias-recuerdos-relatos.

Así, el “yo” es una idea-pensamiento-constructo mental, que se vuelve sobre sí mismo, se piensa a sí mismo. Es pensamiento-idea acerca del cuerpo que piensa. El pensador es lo pensado. El cuerpo se piensa (a través del cerebro que es el órgano del cuerpo que posee esta facultad) y con ese pensamiento crea tiempo mental, es decir, se recuerda en el pasado y se proyecta en el futuro. De esta manera, el ser humano deja de ser meramente un cuerpo material presente en un determinado espacio-tiempo y pasa a ser también las ideas que ese cuerpo genera acerca de sí mismo y lo que lo rodea.

Esta complejidad estructural del ser humano (imbricación de un plano material-concreto y un plano imaginario organizados a partir de categorías simbólicas que estructuran la manada) trae diferentes consecuencias que la psicología moderna ha investigado discriminando lo que consideramos como psicopatologías e intentando curarlas. Sin embargo, en este ensayo no apunto a investigar lo psicopatológico, sino, la lógica de funcionamiento en la que estamos inmersos como especie y las consecuencias que conlleva a pesar de no ser consideradas por la civilización como patológicas. 

La manada humana establece acuerdos perceptivos a partir de los cuales crea la realidad. El acuerdo básico es aquel que hace que cada cuerpo se perciba como una entidad u objeto autónomo discriminado de los demás, una especie de círculo cerrado que posee un “interior” claramente separado del “mundo exterior” habitado por otras entidades u objetos. Esta es lafunción principal del yo, que, evolutivamente ha posibilitado el desarrollo de diferencias y singularidades al interior de la manada (astrológicamente hablamos de un nivel de pasaje de Cáncer a Leo). 

Ahora bien, como nos pensamos y nos percibimos a nosotros mismos como objetos recortados del espacio, organizados en una lógica adentro/afuera claramente definida, pensamos y percibimos a los otros como tales. En la memoria se conserva la “propia” imagen y la imagen de los que “me” rodean. Cada imagen-entidad está asociada a una historia, un relato, afectos y roles arquetípicos. En otros ensayos hemos denominado a esta estructura como burbuja-coraza, y desarrollábamos como se daba la interacción entre humanos mediada por esta burbuja-coraza virtual compuesta por ideas, fantasías, ilusiones, deseos. La contundente percepción de base corporal nos hace muy difícil percibirnos como algo diferente a una entidad. Sin embargo, el error lógico parecería ser el de la cristalización de la información que el cuerpo genera, la cristalización de ideas, fantasías, deseos. Si esta información es creada interactivamente, en el espacio potencial del vínculo, el "entre": ¿Por qué el cuerpo se identifica con ella y la entifica, la cristaliza, detiene un potencial flujo?

En esta lógica de objetos, la interacción se organizará entonces a partir de que a una entidad u objeto dado le resultarán apetecibles o rechazables los otros, en tanto supone que obtendrá del contacto con ellos placer o displacer. Así se arma un circuito polarizado entre lo que denominamos deseo (en tanto expansión, acción de ir hacia otro objeto) y miedo-rechazo (en tanto contracción, retirada-huida-evitación del objeto).

Necesitamos incluir en este circuito dos variables fundamentales. Una es la capacidad del yo-objeto para operar (en tanto cuerpo, gracias a la función de la mano) sobre los otros objetos concretos del mundo y modificarlos. Otra es la variable tiempo psicológico, como aquella capacidad para recordar el pasado e imaginar-fantasear el futuro. De acuerdo a esto, observamos cómo cada yo-objeto, en arreglo a los acuerdos que se establecen en la manada de la cual es producto y que lo condicionan, construirá una serie de anhelos, ilusiones, planes (más adelante me encargaré de diferenciar estos conceptos del concepto de deseo) con la creencia de que puede construir el mundo a su antojo.

La lógica del yo, o que hemos llamado de los objetos, entonces, es la lógica que sostiene que un ser humano es una entidad capaz de controlar-modificar su entorno a su antojo, incluso otros seres humanos. Toda la dinámica del poder, la posesividad, la ambición, la competencia, los celos, el dominio, está basada en la creencia de que somos entidades separadas que podemos lograr lo que nos proponemos, punto en el cual los otros serán percibidos como objetos que me “sirven” o no para cumplir con mis objetivos.

Dentro de esta lógica no hay manera de escapar a las coreografías arquetípicas. El otro es un objeto en mi mente, el  Yo (el objeto en mi mente que creo ser) lo desea o le teme, si le teme huye o trata de controlarlo, si lo desea se acerca y también trata de controlarlo!! Todo se complica cuando desea y teme al mismo objeto al mismo tiempo...

Asimismo como el Yo es un objeto en la mente del otro, sospecha que será objeto de dominio y de control con lo cual se protegerá y defenderá. La paradoja insalvable es que ese Yo existe en tanto tal como producto de la apropiación-dominio-control que la manada hizo, y hace en la permanente interacción humana, del cuerpo-cerebro en el cual tiene lugar como circuito neuroquímico…

Entonces hace estrategias para lograr sus objetivos, el Yo en sí mismo es la estrategia…
De ahí los pactos inconscientes de control que establecemos entre humanos cuando parece que nos amamos y las luchas encarnizadas cuando decimos abiertamente que nos odiamos y defendemos “nuestra” posición. (No nos olvidemos aquí de lo que llamamos posiciones: ubicaciones en la manada que representan discursos humanos ancestrales o tendencias que se  adhieren al Yo y a los que el Yo adhiere).

Y esta lógica funciona así. No tiene salida. Es inútil tratar de resolver los problemas en este plano, es, nuevamente siguiendo a Bateson un doble vínculo. Por lo tanto, la única respuesta posible, como se mencionaba más arriba, es crear un nuevo nivel lógico. 

Así, la lógica del Yo, en todo caso, debería funcionar como interface entre la lógica de la materia y la lógica de la información dinámica, en lugar de quedar amalgamada a la lógica corporal creando la lógica de las entidades-objetos con su dinámica de interacción específica y defectuosa: Entidades separadas, que se vinculan como dos círculos cerrados a través de una línea intentando dominarse el uno al otro, no generando más que paranoia y estrategias de defensa.

¿Entonces?

Entonces, tal vez sea hora de repensar el ser y darnos cuenta de que el yo, la identidad, no puede ser un objeto-entidad cristalizado y cerrado, sino que la identidad inmaterial producto de cada cuerpo es un flujo de información interactiva, esto es, vincular. Se encuentra en el “entre” más de uno y es siempre nueva.

El ser humano es producto de una trama vital en permanente circulación, en permanente estado de muerte-vida. Si soy parte de una red no soy una entidad, en todo caso, en tanto entidad seré un canal a través del cual circula información.

Para que esta idea se instale entre nosotros, tal vez podríamos comenzar a hacernos algunas preguntas en el vínculo mismo:

¿Soy un objeto o soy información? ¿El otro para mí es un objeto o es información?

¿Me dejo informar por el otro o lo manipulo para conseguir los deseos que gratifican al circuito cerebral yo en función de sus proyecciones virtuales?

¿Me ofrezco al otro como información, es decir, me abro sinceramente a dejar circular pensamientos y emociones (que igual son del yo, por eso hablo de interface) o hago estrategia para lograr los objetivos que persigo?

Si el otro es información para mí y yo soy información para el otro, no hay nada que temer. No seré atacada, ni dominada, ni controlada por ese ser, sino que gracias al vínculo que establezcamos posibilitaremos una circulación fluida de información en la red. En esta lógica no hay juicio, no hay correcto o incorrecto, no hay dominio ni control posible. Sólo requiere renunciar a las certezas, a la ilusión de saber quien soy…

Esto es vivido como el sistema cuerpo-cerebro como vértigo, incertidumbre, pero a la vez con una enorme sensación de vitalidad.

Si la existencia es un todo del cual formamos parte, es ridículo empeñarnos en ser un todo completo cada uno. La metáfora (?) de ser seres-neuronas que hacen a una inteligencia más amplia nos obliga a asumir la responsabilidad de hacer fluir la información que somos. 
Cuanto más entificados-burbujeados-autistas seamos, estaremos generando una arteroesclerosis planetaria.

Creo que hacia allí va la evolución de la percepción: sentirnos información circulando en red. Pasar de la lógica de los objetos a la lógica de la información.

 

Por Martina Carutti